A veces, demasiadas veces, somos simples, obtusos, obcecados, tercos, estúpidos, miopes...
Nos empeñamos en verlo todo bajo el triste prisma de nuestras gafas deformantes, bajo la triste luz que parece iluminar sólo una de las caras de esta poliédrica vida, que nos lanza a posicionarnos en uno de los dos extremos de la cuerda que ya otros tensan para que nosotros nos sumemos a tirar de ella.
A veces, algunas veces, alguien, algo, nos arranca el cristal y nos permite ver el maravilloso, colorido y complicado mundo que se extiende mas allá de las certezas y verdades absolutas, de los "conmigo o contra mí", de las visiones monolíticas y unidireccionales, de las posturas cómodas, de las miradas grises con las que, cada vez más, parece que nos conformamos para contemplar el mundo...
Alguien que nos quita las gafas... alguien como Diego, el cual, mientras otros emprendemos largos viajes para conocer otros países, otras personas, otras realidades,... se encuentra explorando, descubriendo y abriendo para nosotros trochas y senderos en los que poder ver hasta donde puede llegar el espíritu de superación del ser humano, mientras traza su nuevo rumbo en la vida.
Lástima que no seamos capaces de descubrirlos con nuestra miradas grises...
Lástima de nuestras miradas, de nuestras miradas grises...

